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A lo largo de la historia, desde que los hombres comenzaron a usar ropa, el erotismo ha estado determinado por normas culturales que suelen acercarse sospechosamente al absurdo. Lo que alguna vez fue sexy, termina por volverse ridículo. Los estándares van cambiando y digamos que hoy en día a nadie se le pone dura con los petulantes atuendos del siglo XVI en Inglaterra. Ante esta problemática, los periféricos nos hemos dado a la tarea de hacer una revaloración del desprestigiado término del "camel toe". ¿Qué significa esto? Es cuando el queso se funde con el calzón, cuando la vagina come tela, cuando la panocha se da un banquete de lino.
Todos, alguna vez en nuestras vidas, hemos visto alguna damisela con el pantalón metido hasta las tripas. Muchas veces nos hemos burlado de ello junto con algún amigo. Lo primero que hay que hacer es reconocer nuestra ceguera. Los muslos, las tetas, las nalgas, todas estas partes codiciadas del sexo femenino tienen su forma de insinuarse al hombre, de seducirlo. ¿Qué pasa con la vagina? Nada, está ahí, abandonada, como una incógnita terrible, que bien podría ser la entrada al paraíso o al infierno.
No podemos caer en el determinismo y asegurar que el camel toe es atractivo en cualquier circunstancia. Lo primero que hay que delimitar son los sitios en que puede resultar sugestivo. Las iglesias, los salones de clase, las salas de juntas, los museos, son algunos de los lugares ideales para trasgredir el orden. El uso del camel toe en dichos espacios sería idóneo para dejar volar la imaginación, que no es otra cosa sino el componente clave del erotismo. Un hombre que vea un calzoncito húmedo, tenuemente metido, a media clase de álgebra, puede recuperar la esperanza e inclusive alcanzar grados místicos de excitación.
Otro factor que vale la pena definir es el de las mujeres que pueden usarlo sin verse deslucidas. El rango de edad debe ser entre los dieciséis y los cuarenta y cinco. Nadie quiere ver rastros de una pucha arrugada. El peso no es importante, para los gustos hay colores, y en muchos casos, las mujeres obesas poseen las vaginas más bellas. Lo más importante es que la concha esté claramente delimitada y que se sugiera tal y como es, sin falsas pretensiones. A nadie le gustaría quitar una tanguita con los dientes y descubrir que todo era mentira, un engaño de trapo y color.
El proceso para comprometerse con el camel toe es sencillo. Cómprese unos pantalones apretados de una tela que no raspe. Hay casos en que la panocha lo absorberá naturalmente, como si estuvieran hechos el uno para el otro. Si no es así, ábrasela sutilmente como si fuera a recibir tremendo trozo de longaniza, y embuta la tela cuidadosamente. Después salga a la calle con la frente en alto, siéntese orgullosamente en la banca de su preferencia, y acentúe su sexualidad con una mirada dignificante.
Mientras tanto, entre los individuos y las naciones, los periféricos nos manifestamos por la revaloración del camel toe.
Joaquín Peón Iñiguez
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